Pablo Gallardo, vecino de Terrassa (Barcelona), ha presentado una demanda contra el abogado que intervino en su divorcio a principios del año 2015. Aunque el letrado de Cerdanyola del Vallès Lluís Calsina Salavert fue el profesional que asistió a la pareja en el proceso de mutuo acuerdo, se enfrenta ahora a una reclamación de cantidad (1.203,48 euros) por “su mala actuación profesional”. La demanda es el último paso legal que Gallardo ha dado, después de presentar diversos escritos y realizar numerosas llamadas al Colegio de Abogados de Terrassa, un órgano que, dirigido por su decano Ignasi Puig Ventalló, parece haber preferido hacer caso omiso de las reiteradas quejas y mirar hacia otro lado.

El denunciante y la que entonces era su esposa contrataron los servicios del abogado para que les representara a ambos en su proceso de divorcio de mutuo acuerdo.

EL ABOGADO RENUNCIÓ POR EMAIL

Pablo Gallardo, el demandante.

Los hechos denunciados se remontan al mes de febrero de 2015, cuando el denunciante y la que entonces era su esposa contrataron los servicios del abogado para que les representara a ambos en su proceso de divorcio de mutuo acuerdo. Dado que no se preveía ningún tipo de conflicto por no existir ni bienes ni hijos en común, la pareja pactó asumir entre ambos los gastos directos e indirectos que el procedimiento pudiera generar, así como el reparto de los bienes de uso común y habitual que pudieran englobarse dentro del concepto “Ajuar de la vivienda”.

Según el escrito de demanda que se ha presentado al juzgado de primera instancia de Cerdanyola del Vallès, el abogado aceptó el encargo y, tras redactar el convenio regulador, presentó en el juzgado una demanda de divorcio de mutuo acuerdo que recayó en el Juzgado número 6 de Terrassa. En el procedimiento intervinieron un único letrado y un único procurador, como prueba la sentencia aportada a la demanda ahora presentada.

“Pese a tener el encargo de actuar en nombre de los dos cónyuges, a menos de 48 horas de la fecha señalada por el juzgado para la comparecencia del otorgamiento de poderes apud acta y la ratificación del convenio regulador, el abogado me comunicó a través de email que yo no era su cliente, sino que era mi esposa, que era quien había contratado sus servicios y quien abonaba sus honorarios, por lo que el día de la citación comparecí ante el juzgado sin estar legalmente asistido”, afirma Gallardo.

“VÍCTIMA DE UN ENGAÑO”

El demandante cree que esta polémica con el abogado deriva de la queja que él mismo formuló unos días antes contra él por su forma de tratarle, pues al solicitarle una documentación para la venta del vehículo que creía iba a nombre de mi esposa, en cumplimiento de lo acordado en el convenio de divorcio, telefónicamente y por dos veces le indicó que se negaba a entregarle ninguna copia porque “temía que le pudiera marcar un gol”. Gallardo continúa explicando que, “como no era la primera vez que se dirigía a él de forma inapropiada”, le recriminó por escrito su comportamiento y le pidió que, como cliente, le tratara con respeto. “La respuesta a esa petición fue el comunicarme que yo no era su cliente, hecho que, efectivamente, pude comprobar cuando en el juzgado no fui asistido por él”, añade el demandante.

“El abogado me hizo creer que estaba asistido de abogado y procurador cuando resulta que no lo estuve”.

Los hechos provocaron una primera queja ante el Colegio de Abogados de Terrassa. En aquel escrito, Gallardo argumentó que se sentía víctima de un engaño. En primer lugar, por “la infracción de la norma que obliga a que las partes, en un procedimiento de divorcio, actúen asistidas de abogado y procurador”. “En base a lo manifestado por el abogado ­–apunta el demandante- resulta que yo no he estado debidamente asistido en aquel procedimiento. Al margen de reservarme las acciones que considere oportunas para instar una demanda en la que se declare la nulidad de procedimiento de divorcio por infracción de las normas y posible nulidad del procedimiento, considero que el abogado no tiene potestad para establecer él un procedimiento distinto al que fija la ley y decidir en qué momento debe actuar alguien asistido de abogado o no”. Y en segundo lugar, por el presunto engaño. “Luis Calsina me hizo creer que estaba asistido de abogado y procurador cuando resulta que no lo estuve. Luego me engañó haciéndome creer que actuaba en nombre de los dos cuando, en realidad, no fue así. De haberlo sabido, hubiera contratado mi propio abogado para que me asistiera, pues es evidente que en ese procedimiento estuve en desventaja respecto de mi cónyuge”.

“Tuve que contratar otro abogado que realizara las gestiones pertinentes ante el juzgado, colegio de abogados y otros organismos”.

Los motivos no terminan aquí. Gallardo considera que si en realidad el abogado le hubiera asistido al principio y, posteriormente hubiera decidido dejar de asistirle, debería haberlo comunicado al juzgado para que el procedimiento hubiera quedado suspendido hasta que él hubiera estado debidamente asistido por un nuevo abogado. “Esa conducta debe ser considerada totalmente improcedente, al margen de que supone la infracción de cualquier norma deontológica”, comenta el demandante. Y acto seguido añade: “Esta actuación me ha supuesto un grave perjuicio económico, pues tuve que contratar otro abogado que realizara las gestiones pertinentes ante el juzgado, colegio de abogados y otros organismos para hacer constar que el abogado que supuestamente me asistía en realidad no lo hacía”. El gasto añadido ascendió a 603,48 euros.

LA IMPASIVIDAD DEL COLEGIO DE ABOGADOS

El demandante asegura que ha puesto el caso en manos de la Justicia porque entiende que “una mala actuación de un abogado debe ser sancionada por el Colegio, precisamente para evitar que esos actos puedan repetirse de nuevo”. Y ha dado el paso después de esperar más de dos años a que el Colegio de Abogados de Terrassa, donde el tema fue denunciado con anterioridad, parece haberse inhibido por completo del asunto en favor del letrado. Tanto es así, que Gallardo presentó una queja ante este organismo, que ratificó el 11 de agosto de 2015, y el tema “sigue pendiente de resolverse”.

Casi dos años después de la primera queja, el Colegio de Abogados de Terrassa no ha emitido ninguna resolución.

En su demanda, Gallardo explica que ha llevado a cabo muchas gestiones ante el Colegio de Abogados de Terrassa “para intentar agilizar el tema”, pero hasta ahora ninguna de ellas ha dado ningún fruto. “Sospecho, de forma más que fundada, que esta demora no es casual y que el propio Colegio, en un ejercicio evidente de corporativismo, intenta minimizar este asunto dejando que transcurra el tiempo, con el fin de que el día que finalmente se resuelva, se acuerde sin más desestimar mi queja, confiando en que en ese momento ya no me quedarán ganas de seguir reclamando”, argumenta el escrito en pos de una justificación que explique la falta de una resolución casi dos años después de la primera queja.

Demanda contra un abogado por presunta mala praxis
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3 Respuestas

  1. David Pallars

    No tiene sentido que en un caso de mutuo acuerdo surjan problemas. De ser cierta la versión del denunciante, hay algo extraño en la conducta del abogado, pues cobró la totalidad de su minuta. Con independencia de quien pagara, él defendía (teóricamente) a los dos miembros de la pareja y no podía desasistir a ninguno de ellos el día de la ratificación, si no renunció formalmente a su defensa.

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  2. Pablo Gallardo

    Juzguen vdes, en base a las palabras textuales del abogado: “Acuso recibo de su correo de fecha 16 de junio de 2015, y por medio del presente, le hago saber, en primer lugar que yo a vd. jamás le he faltado al respeto. En segundo lugar debo recordarle que vd. no es mi cliente, es su esposa Doña ….., que es quien contrató mis servicios y quien abona mis honorarios, vd. se limitó a firmar un convenio regulador de divorcio, en el que como único efecto derivado del mismo es, precisamente el divorcio, con lo cual, es muy libre de proceder a ratificarlo el próximo 19 de junio o de no hacerlo. En tercer lugar, yo no tengo ningún interés especial en convertir este procedimiento en un tema contencioso, mi único interés en este pleito, como en todos los que tramito, es el de defender los intereses de mi cliente. En cuarto y último lugar, aquí, quien merece una disculpa por su parte soy yo, pues no es la primera vez que recibo descalificaciones y amenazas. En consecuencia de lo anterior, proceda vd. por como crea por conveniente, pues también lo haré yo si procediera. Reciba vd. un cordial saludo, Lluís Calsina Salavert. Advocat.”

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  3. Rafael García

    Hay abogados que, por el simple hecho de serlo, se creen poco menos que dioses y, desde luego, el de esta historia parece que se lo tiene bien creído: falta al respeto al cliente diciéndole lo del gol y se niega a pedirle disculpas cuando el cliente le recrimina el comportamiento. La guinda al pastel la pone cuando luego ya ni siquiera le asiste en el tema del divorcio. Con lo que no debió contar fue con la reacción del cliente, que le puso una queja y parece dispuesto a llegar hasta el final en este asunto. Una buena lección, sin duda, de que no se puede infravalorar al cliente, por muy abogado que se sea…

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